La violinista (libro de abril)
Sinopsis
En la espléndida Venecia del siglo XVIII, la desesperación y la miseria nunca están lejos. A través de un agujero en la pared, las niñas huérfanas son abandonadas en el Ospedale della Pietà cada día.
Anna María, de ocho años, es solo una de las trescientas niñas que crecen dentro de los muros de la Pietá, pero sabe que es diferente. Obsesiva y talentosa, tiene la misión de convertirse en la mejor violinista y compositora de Venecia y en su mundo de color y sonido parece que nada la detendrá.
Pero las probabilidades
siempre están en contra de una niña huérfana, así que cuando el maestro Vivaldi
la toma como alumna predilecta, Anna María es consciente de que esta es su
única oportunidad. A medida que su estrella se eleva, amenazando con eclipsar a
su mentor, el sueño que ella ha perseguido con tanta determinación se ve en
peligro...
Inicio
"Venecia, 1695
Anochece, y la Marangona repica en la piazza San Marco. Las campanadas salen tiritando de la boca de bronce, se deslizan sobre la cúpula de la basílica, lamen los moluscos que revisten el canal embarrado y se filtran por el hueco que queda entre la acera y la puerta de madera. Tras ella, una muchacha que aguarda en un pasillo estrecho y poco iluminado alza la vista."
Reseña
Eduardo comentó: el libro me
pareció bonito porque ofrece una visión distinta de Venecia, más allá del
carnaval y de la imagen idealizada que difunde el turismo. Como cualquier
ciudad, Venecia tiene una historia compleja y no siempre hermosa. Situada en el
siglo XVIII, la novela muestra la marginación social, pero también ofrece un
espacio donde algunas mujeres encuentran la oportunidad de crecer,
desarrollarse y alcanzar reconocimiento. Muchas de ellas llegaron ahí porque no
fueron abandonadas ni arrojadas a los canales, algo que en ese tiempo era una
práctica común con los hijos no deseados. La historia de superación de la
protagonista me pareció muy conmovedora, aunque también me provocó frustración
en ciertos momentos, ya que toma decisiones impulsadas por su deseo de triunfar
y sobrevivir, aun cuando eso perjudica a sus amigas. Aun así, siento que llegó
hasta donde llegó no solo por ambición, sino también porque ayudó a otras.
Además, si seguimos la lógica de la novela, logró desenmascarar a alguien que
se aprovechaba del talento ajeno, algo que no resulta extraño y que ha ocurrido
en distintas disciplinas artísticas. En conjunto, me pareció un libro bueno,
bonito, entretenido y fácil de leer.
En este punto, señalé que según diversas publicaciones, Vivaldi fue duramente criticado en su época por llevar a vivir con él a una niña de 13 años. En ese momento, la sociedad lo condenó porque sospechaba que mantenía una relación inapropiada con ella, algo que hoy se identificaría como pedofilia. También mencioné que la niña era superdotada y que, por eso, me resulta creíble lo que plantea el libro. Aunque la obra está catalogada como ficción histórica y contiene diálogos imaginados por la autora para desarrollar la trama, parte de hechos documentados.
Edith compartió que: fue la primera vez que un audiolibro me dio una experiencia de lectura distinta y, gracias a eso, hoy estoy aquí. También quiero agradecer a los libros que he leído y a los que vinieron antes, y pedirles permiso para hablar de ellos y de sus personajes, así como se pide permiso a las montañas antes de subirlas. Este libro me gustó mucho porque me dejó preguntas y me llevó a seguir cuestionándome. Sentí que aprendí, recordé, imaginé y reflexioné; para mí, un libro valioso debe provocar todo eso. Durante la lectura estuve yendo del mundo ficticio al mundo real, y lo que más me atrapó fue la creación musical y la construcción del personaje como artista. Ese proceso creativo, marcado por el dolor y por una intensidad sensorial muy fuerte, me recordó a Hamnet. También me hizo pensar en cuánto hemos tenido que silenciar la voz creativa de las mujeres por las condiciones de vida, y en lo lamentable que es que eso siga ocurriendo, no solo en el arte, sino en cualquier camino que una mujer quiera elegir. Otra cosa que me encantó fue recordar que a veces creemos que nuestro mundo es el único, hasta que descubrimos que existen otras formas de vivir y de reinventarse. La protagonista está siempre enfrentándose sola a la vida, sin modelos que seguir, y por eso admiro que alguien así logre sobresalir en una sociedad como esa y que, además, su historia haya sido contada de esta manera. Lo que menos me gustó fue el exceso de referencias al cuestionamiento constante; aunque es algo que hacemos, no disfruto tanto leerlo. Aun así, me gustó, me entretuvo y agradezco a María que lo haya propuesto.
Myrna señaló: Me encantó la idea
de Edith de honrar a los libros, las películas y el arte en general, y yo
también me inclino con respeto ante una obra y ante quien la crea. Considero
que la novela es sencilla, con una narración lineal que ofrece los detalles
necesarios para comprender la historia. Aunque el narrador es omnisciente, Anna
también se revela a través de intervenciones muy reflexivas. Además, siento que
es una historia contenida dentro de muchas otras historias de mujeres
desconocidas, lo cual me conmovió profundamente. También recordé las
investigaciones que cuestionan si los hermanos Lumière fueron realmente los
primeros en hacer cine, pues se ha planteado que unas hermanas pudieron haber
sido precursoras y luego invisibilizadas. Del libro, me gustó especialmente la
relación entre la música y los colores: sonido y color convergen en un mismo
arte a través de la literatura. Me indigna pensar en todo lo que las mujeres
han creado y que no ha sido dicho, reconocido ni respetado. También valoro que
existieran orfanatos que ofrecieran a las niñas oportunidades de formación,
como la música. El libro me dejó la duda de si Vivaldi plagió o retomó
composiciones de esta joven, y esa sospecha marcó mi lectura. También pienso
que Anna actuó como lo hizo porque no tenía otra opción. Cierro agradeciendo a
la autora por sacar esta historia a la luz.
En este punto añadí que: me pareció muy interesante que la
autora recurriera a la sinestesia para hacer que Ana se desenvolviera a través
de la música dentro de la historia. La sinestesia es una condición neurológica
por la que algunas personas perciben con un sentido estímulos que corresponden
a otro, y recordé que en la poesía este recurso también se utiliza con
frecuencia. A mí también me encantó ese recurso. Además, supe que Harriet Constable
explicó haber hecho dos cosas para escribir esta obra: documentarse y vivir un
mes en Venecia, en donde tuvo la oportunidad de conversar con personas
dedicadas al estudio de la música. Pienso que, al ser también música, la autora
es especialmente sensible a este arte y supo desarrollarlo en la novela a
partir de esa cualidad.
Faby compartió: Me encantó la
obra, su narrativa y el efecto que logra con los colores. Siento que toda la
novela es una oda a la vida, a la fuerza de tener un sueño y luchar por
alcanzarlo. Me conmovió ver cómo esta niña imaginaba lo que quería ser, y cómo
la historia subraya la importancia de aferrarse a los sueños y de acompañar a
los jóvenes cuando están por definir su vocación. La novela también transmite
muy bien esa experiencia estética cercana al síndrome de Stendhal que ya hemos
comentado en otras ocasiones: la manera en que la niña vive la música. Me
pareció magistral cómo la autora logra comunicar esa sinestesia al lector a
través de las palabras. También me hizo pensar en cómo solemos mirar a los
genios desde una imagen idealizada, como si su talento implicara necesariamente
una grandeza moral, y el libro muestra que no siempre es así. Al mismo tiempo,
creo que no se puede juzgar una época pasada con los criterios del presente;
ese era un contexto en el que las mujeres no tenían voz ni voto, aunque, dentro
de esas limitaciones, algunas instituciones les permitieron desarrollarse.
Pienso que Vivaldi fue alguien que la formó y la moldeó, y me entristece que no
la haya reconocido como merecía. Eso también me lleva a otra reflexión: qué
alegría vivir en una época en la que estas historias pueden ser recuperadas.
Tanto en la niña como en Vivaldi percibo un mismo sentido de vida: la música.
Después de esta lectura, siento que nunca volveré a escuchar a Vivaldi de la
misma manera, y eso también es una forma de reconocer a estas mujeres. Además,
veo muchos actos de generosidad y entrega a lo largo de la novela: el de la
madre, el de la triada de amigas que permanece unida para enfrentar las
dificultades, el de Vivaldi al abrirle sus partituras para educarla, el de Ana
María al reconocer sus errores y el de Elizabetta en sus propios actos de
donación. Al final, yo deseaba que el personaje se revelara, pero comprendí que
también todo lo vivido forma parte de su camino. Veo en Venecia otro personaje,
pues la autora nos lleva a recorrer los canales y habla de la belleza culta y
la marginada.
Edith compartió: Para mí,
algo que permanece a lo largo de la historia es el miedo, el abandono y la
soledad; en ese contexto, la música puede convertirse tanto en salvación como
en veneno. Siento que la narrativa permite experimentar muchas dimensiones de
esa vivencia: la amistad como refugio, la complejidad de la relación con el
maestro y la forma en que los vínculos pueden sostenernos. También pienso que
no somos seres lineales ni del todo congruentes, y que justamente por eso las
amistades pueden estar ahí para rescatarnos.
También agregue que me gustó mucho ver cómo el
personaje principal se va transformando a lo largo de la historia: pasa de pensar, hasta
cierto punto de forma egoísta, solo en convertirse en “Maestro”, a empezar a
pensar también en los demás. Justamente por eso el libro me gustó tanto.
Arturo compartió: Me sentí
muy interpelado por la lectura, porque nada de lo humano nos es ajeno. Todos
tendemos a pensar primero en nosotros mismos, pues esa suele ser nuestra manera
de ver el mundo. También me resultó muy interesante el misterio que rodea la
vida de Vivaldi: murió en Viena, en una casa alquilada, y sus manuscritos
—entre ellos Las cuatro estaciones— estuvieron a punto de perderse.
Sigue siendo enigmático que, después de haber sido director musical en la
Piedad, decidiera irse a Viena, donde se encontraba su mecenas, el emperador. Vivaldi
vivía con una salud frágil y murió pocos meses después de que muere su mecenas.
Mientras leía, pensaba en cómo la novela presenta a estos personajes primero
como personas. Como decía Faby, solemos ponerles un halo a las figuras
admiradas, pero Vivaldi también tenía preocupaciones muy concretas: comer,
sostenerse y llevar alimento a la mesa. Su padre era músico, y él era quien
tenía el talento para sacar adelante a la familia. En ese contexto, era natural
que velara por sus propios intereses para sobrevivir, y por eso me parecieron
personajes verosímiles. Disfruté mucho la construcción de los personajes.
Recordé además una idea del historiador Jacques Le Goff: “El pasado se nos
presenta de acuerdo con las necesidades del presente”. Es decir, solemos mirar
el pasado también para explicar o justificar lo que vivimos hoy. Por eso me parece
un libro provocador: nos ofrece una imagen distinta de Vivaldi y recupera la
figura de una mujer que, sin duda, contribuyó al desarrollo musical. En la
música, como en otras artes, los creadores se influyen mutuamente; no sé si
llamarlo plagio, pero sí hubo una interacción en ambos sentidos. También me
hizo pensar en cuántas mujeres —y también hombres— han quedado sin el
reconocimiento que merecían. El libro invita a mirar el pasado de forma crítica
y, al mismo tiempo, a preguntarnos a quiénes deberíamos reconocer hoy, antes de
que sea la historia la que lo haga por nosotros. Me gustó mucho: es una lectura
sencilla y disfrutable, aunque a mí no me transportó al lugar como sí me
ocurrió con El nombre de la rosa.
Sindy compartió: Desde que
empecé a leer el libro sentí una reverencia interior, una gratitud profunda,
porque me hizo pensar en todo lo que debemos a quienes vinieron antes que
nosotros. En particular, pensé en las mujeres que no han sido reconocidas de
manera justa y en la indignación que eso provoca; creo que, si fuéramos
realmente capaces de reconocer todo lo que muchas de ellas han hecho,
viviríamos con más gratitud. Concuerdo con Fridda, me encantó el video del youtubero
Jaime Altozano que enviaste, Arturo: me pareció muy evocador y disfruté mucho
su sentido del humor. Soy fan de Harry Potter, y como este youtubero
tiene un análisis que me gusta mucho, terminé suscribiéndome a su canal. Me
conmovió especialmente la escena de la mujer que empieza a bordar, sobre todo
porque yo misma he vivido algo semejante con el bordado. Además, he trabajado
en equipo y sé que, aunque a veces haya una voz principal, detrás siempre hay
circunstancias, apoyos y personas sin las cuales el resultado no sería posible;
en ese sentido, pienso que Vivaldi tampoco habría podido lograrlo solo. Me
parece un libro muy provocador, de esos que una quiere recomendar, y ojalá la
autora escriba más. Aunque varios de los diálogos y algunos recursos de
reconocimiento pertenecen claramente al terreno de la ficción, estoy dispuesta
a suspender el juicio porque, en conjunto, me pareció una obra muy lograda. Y
si de verdad queremos reconocer a los personajes, también habría que reconocer
a todos los que hicieron posible ese mundo, incluso a quienes construyeron los
violines.
Faby añadió: Quisiera
rescatar al violín como un personaje y como un ámbito de posibilidades. Deja de
ser un simple objeto para convertirse en aquello que permite al músico
desplegarse. Me encantó que Anna María pagara su violín como un acto de
gratitud. La novela nos muestra así que tanto los objetos como los músicos,
entrelazados, pueden abrir un espacio de oportunidades y posibilidades para
desarrollarse.
¡Hasta la próxima!
Recomendaciones:
Arturo nos recomienda al youtubero en su análisis de Las cuatro estaciones: Jaime Altozano





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