El viaje de mi padre (libro de enero)
Sinopsis:
"En honor de mi padre y de
su amigo Saturnino, que apenas estrenada la mayoría de edad hubieron de vivir
una guerra, pero también por recorrer paso a paso un territorio, el que
atraviesa la espina dorsal de la Península Ibérica, que sintetiza como muy pocos
su esencia, me he propuesto llevar a cabo un viaje por él y hacerlo en los
mismos meses en los que ellos lo hicieron, para sentir lo que ellos sintieron
siquiera sea referido al clima. Por el camino, también, quizá encuentre las
historias que mi padre me contó y a las que yo no presté atención como haría
ahora si pudiera y que la geografía y los paisajes conservarán aún como una
pátina sobre ellos, pues la historia permanece en los lugares en los que
sucedió como las palabras sobre la memoria".
Inicio:
Reseña:
Sandy compartió: No logré
conectar con Lluvia amarilla y decidí darle una oportunidad a El
viaje de mi padre, motivada por el hecho de que mencionaba que su padre o
amigo —no queda claro quién— pateó la caja de telecomunicaciones, lo que
impidió que fueran al destino previsto. Al comenzar la lectura, el relato me
llevó a través de 15-20 pueblos, resultándome repetitivo: en cada uno, el escritor
llegaba, encontraba a una o tres personas, y generalmente nadie tenía
información, excepto ocasionalmente alguien que sí sabía algo; en cada pueblo,
no quedaba nada relevante. El estilo narrativo conduce al lector de manera
constante, pero repite esta dinámica en cada etapa. Al acercarme al final, me
preguntaba quién había pateado la caja, pues esperaba mayor profundidad en ese
tema, que finalmente ocupa solo dos o tres páginas. Por otro lado, destaco que
el texto permite apreciar la extensa red ferroviaria de España, aunque siento
que la obra pudo ofrecer más.
Rocío señaló: Coincido con Sandy en que
el libro no logró captar mi interés. Mi comentario se centra especialmente en el contexto de la guerra civil española. Este conflicto, aunque breve, resultó
en numerosas pérdidas humanas y se caracterizó tristemente por enfrentar a
compatriotas entre sí. El padre del autor participó en la guerra a la edad de
18 años; solía relatar sus experiencias a su hijo, quien, como ocurre
frecuentemente, no les prestaba suficiente atención en ese momento. Me llamó la
atención la batalla de Teruel por la cantidad de víctimas y las condiciones
extremas en las que tuvo lugar. Solo unos pocos, incluidos el padre del autor,
su compañero Saturnino y algunos soldados más, lograron sobrevivir. Este hecho
representa el motor principal para la obra del autor.
Tras el fallecimiento de su
padre y motivado por sentimientos de pesar y arrepentimiento, el autor decide
recorrer la misma ruta que su progenitor transitó hace más de ochenta años,
aunque en circunstancias diferentes y valiéndose de información proporcionada
por Saturnino. Considero que su propósito era conectar con el recuerdo de sus
padres. Durante el viaje, el autor encuentra vestigios de trincheras y
reflexiona sobre el sufrimiento de su padre y de los soldados caídos,
repitiendo estas consideraciones frente a escenarios solitarios y decadentes,
lo que aporta una atmósfera de tristeza a la narración.
Cabe señalar que hacia la mitad
de la lectura contemplé la posibilidad de abandonarla debido a la constante
repetición del entorno. Sin embargo, resalto la reflexión:
“Vine aquí buscando una fantasía, la que albergó la memoria de mi padre toda su vida, pero ahora que estoy en Teruel siento que esa fantasía nunca existió excepto en mi conciencia culpabilizada por no haberle escuchado cuando debí hacerlo.”
que interpreto como un homenaje a su padre. La enseñanza que extraigo es la importancia de escuchar a nuestros padres. Si bien valoro el gesto de honrarlos, la obra me pareció triste y no terminó de agradarme.
Fridda. La prosa de Julio
Llamazares se caracteriza por un marcado tono de melancolía y nostalgia, lo
cual puede afectar al lector si no comparte esta disposición emocional,
llegando incluso a generar sensaciones de tristeza que dificulten la lectura.
Este estilo es recurrente en su obra, como también se observa en "La
lluvia amarilla". En este sentido, aunque el autor recrea el recorrido
realizado por su padre durante la guerra civil española, puede interpretarse
más bien como un viaje interior orientado hacia la redención y la
reconciliación con la figura paterna, abordando la culpa de no haberle
escuchado en vida y procurando rendirle homenaje mediante esta obra. Además,
conviene señalar que el género de la obra corresponde a la crónica de viajes,
lo que influye en su enfoque narrativo y en el gusto del lector.
Sindy compartió: Lo que aprendí de esta obra es no lamentarse. Ahora que todavía tenemos vida hay que darnos la oportunidad de conocerlos.
Alahan comentó: No finalicé la lectura de El
viaje de mi padre, ejerciendo mi derecho como lector a no concluir un libro que
no me gusta. Alcancé aproximadamente la mitad de la obra, ya que también
deseaba formar una opinión fundamentada. Tenía altas expectativas respecto a
este libro, pues se presentaba como un viaje para reconstruir las experiencias
del padre del escritor durante la guerra civil. Esperaba encontrar
descripciones detalladas de las localidades visitadas, así como relatos que
invitaran al lector a explorar los pueblos españoles mencionados. Sin embargo,
esto no ocurrió. El relato resultó repetitivo, coincidiendo con lo señalado por
Sandy. Considero que al llegar a cada localidad, el autor describía de manera
genérica, sin resaltar características particulares de cada pueblo. Las
narraciones solían centrarse en estaciones de tren fuera de servicio, la falta
de habitantes, y ocasionalmente encuentros en bares, situación que se reiteraba
en todos los casos. Me hubiera gustado profundizar más en los aspectos
relacionados con la guerra, motivo por el cual no logré involucrarme plenamente
con la historia. Seguí los trayectos en Google Maps, consultando imágenes de
las estaciones para complementar mi experiencia de lectura. Asistí a esta
sesión con la intención de escuchar otras opiniones y quizá motivarme a retomar
la obra, pero observo que la percepción general es similar a la mía.
Jose dijo: En efecto, coincidimos en que el ritmo de la obra resultó lento. Aunque, como se ha señalado, no narra numerosas anécdotas sobre los lugares visitados, sí transmite cómo ciertos aspectos pierden relevancia al dejar de ser visibles y al cambiar el estilo de vida. La transformación de estos espacios responde al desplazamiento de rutas y a la construcción de nuevas carreteras, reflejando cómo la modernización puede alterar entornos e impulsar cambios significativos en poco tiempo; este fenómeno me pareció particularmente notable. Es comprensible que el autor no relatara historias específicas debido a su desconocimiento directo de ellas; Saturnino, quien más relatos le compartió, focalizaba sus recuerdos en episodios concretos. El recorrido del escritor obedece a una necesidad personal de conocer los lugares transitados por su padre. A diferencia de Lluvia amarilla, que resulta una obra destacable y logra generar empatía aun tratándose de temas dolorosos y solitarios, esta novela, tras seis meses de viaje, llegó a resultarme repetitiva y, en ocasiones, tediosa.
En ese momento le pregunté a Jose si estaba de acuerdo con la idea del escritor, quien invita a que cuando viajamos aprendamos a escuchar y observar, ya que, como dice Julio Llamazares, el paisaje es memoria. También quise saber si a ella le gustaría escribir un libro de viajes.
Jose adicionó: Mi viaje más reciente tuvo
un significado muy especial para mí. La relevancia y similitud de Julio
Llamazares en su obra se asemejan al modo en que las personas responden al
llamado de alguien, por ejemplo, cuando son convocadas a la guerra. En este
trayecto, visité los lugares donde residió la familia del Emperador Maximiliano
de Habsburgo y observé la grandeza de sitios que, tras haber sido destruidos
por la guerra, recibieron tal valor que fueron reconstruidos: Polonia,
Varsovia, Cracovia, Hungría y la República Checa. Resulta impactante cómo el
ser humano puede empuñar un arma y matar, muchas veces sin comprender el motivo.
Considero fundamental, al viajar, reflexionar sobre las enseñanzas que nos deja
la arquitectura de los edificios y su historia.
Eduardo compartió: También ejercí mi derecho como lector y decidí no
terminar la obra. El libro es una reflexión profunda y un homenaje dirigido al
padre; su objetivo es buscarlo y conocerlo. Aunque resulta muy íntimo, no logró
captar mi interés. Me deja pensando en cuánto llegamos a desconocer a nuestros
padres, en las historias que nunca supimos por falta de convivencia o porque,
simplemente, no los escuchamos lo suficiente. A veces nos llegan anécdotas
graciosas, pero suelen contárnoslas indirectamente, a través de familiares como
una tía. Son situaciones comunes en la vida y, al final, sentí que la narración
se volvía repetitiva: ya habíamos leído La lluvia amarilla, y esta
lectura me resultó opresiva. El libro sigue ese estilo narrativo reiterativo y
perdí el interés en continuarlo.
Abby compartió: Estamos habituados a la
lectura de novelas y tendemos a buscar una estructura narrativa tradicional,
diferente a la que propone este tipo de obra. Reflexioné sobre numerosos
símiles e historias paralelas respecto al tema de las guerras; conocemos
ampliamente sus consecuencias en todos los ámbitos. Existen personas que
encuentran atractivo el conflicto bélico, mientras que otras participan de
manera forzada, impulsadas por una inercia social que promueve el sacrificio
por la patria. Este fenómeno se repite por estar profundamente arraigado en la
educación y en la defensa de intereses particulares. Considero que la obra
invita a reflexionar sobre circunstancias irrepetibles: es posible repetir
trayectos, visitar lugares o portar determinada vestimenta, pero los eventos ya
ocurridos permanecen en la memoria y nunca podrán vivirse de igual forma. Los
nombres de los pueblos presentados me resultaron poco familiares. Me parece que
la obra es el intento del escritor por reconectar con su padre, quien padeció
una guerra civil y cuya experiencia no fue escuchada plenamente por el
escritor. Sin embargo, esto refleja la condición humana: nuestra vida
transcurre simultáneamente a la de los demás y rara vez participamos completamente
en la experiencia ajena. Coincido en que se trata de una obra sumamente
personal, cuya vivencia no es compartida por el lector, aunque el interés del
autor radica en documentar el viaje realizado por su padre.
Fridda. Mencioné que ya había tenido
experiencias previas con este género narrativo. Me embarqué en la lectura de
una crónica de viaje escrita por José Saramago, titulada “Viaje a Portugal”. El
estilo narrativo de esta obra presenta una diferencia notable: mientras
Llamazares aborda el relato desde una perspectiva de pérdida, Saramago lo hace
desde la admiración, el descubrimiento y la contemplación. El inicio resulta
particularmente bello; cuando Saramago se encuentra en España, debe cruzar un
río para alcanzar Portugal. Ese río recibe el nombre de Douro en un lado y
Duero en el otro. Al llegar a la frontera, detiene su coche y pronuncia el “Sermón
de los peces”, un episodio tan hermoso que prefiero citarlo textualmente.
“Venid acá, peces, vosotros,
los de la margen derecha, que estáis en el río Douro, y vosotros, los de la
margen izquierda, que estáis en el río Duero, venid acá todos y decidme cuál es
la lengua en que habláis cuando ahí abajo cruzáis las acuáticas aduanas, y también
ahí tenéis pasaportes y sellos para entrar y salir. Aquí estoy yo, mirándoos
desde lo alto de este embalse, y vosotros a mí, peces que vivís en esas
confundidas aguas, que tan pronto estáis en una orilla como en otra, en gran
hermandad de peces que unos a otros sólo se comen por necesidad de hambre y no
por enfados de patria”.
Formar parte de un lugar implica integrarse a su memoria histórica. Experimenté una situación similar a la suya: la narrativa me resultó densa, aunque logré comprender el proceso introspectivo del autor. Asimismo, empleé Google Maps para ubicarme y enriquecer mi experiencia de lectura.
Me impresiona el coraje del autor al narrar la historia de su padre y mostrarnos cómo la guerra dividió a su familia. Algunos miembros se unieron al bando de Franco por convicción ideológica, mientras que otros, como su padre, lo hicieron porque no tenían alternativa. La guerra civil aún provoca dolor en la actualidad, aunque no faltan quienes consideran el franquismo como lo mejor que les pudo ocurrir
Arturo comentó: La perla que encontré y con la que concuerdo es que no hay poesía en la guerra. La obra me motivó a leer El Cantar del Mío Cid, ya que hace varias referencias a él, y también a investigar sobre la Guerra Civil Española. Hay detalles interesantes, como la batalla de Teruel, una de las más sangrientas, donde se utilizó el bombardeo aéreo, el regimiento Cóndor, enviado por Hitler a España en preparaciones para la Primera Guerra Mundial. En definitiva, me generé altas expectativas solo por el título, pensando que encontraría algo muy íntimo, pero creo que ese fue mi error. Me cuestioné si recomendaría este libro y llegué a la conclusión de que no, así concluyo.
Paty dijo: terminé de leer el
libro; por momentos se me hizo pesado, pero decidí terminarlo. En favor del
autor, quiero mencionar que hay referencias al General La Fuente, un militar
que se rebeló contra la República en León y a quien se le atribuye la
responsabilidad de cientos de fusilamientos sin juicio. Esto demuestra cuán
frágil es la memoria: hasta hoy una calle lleva su nombre, lo que indica
nuestro deseo de dejar atrás el pasado, algo que se refleja en las nuevas
generaciones. Seguramente el autor intentó hacer todas las preguntas posibles,
pero muchas veces quienes participan en una guerra no comprenden del todo el
camino que siguen ni son conscientes de todo lo que sucede; solo quieren
sobrevivir y, por ello, carecen de memoria sobre muchos hechos o simplemente no
desean revivirlos. Al final, nadie vuelve de una batalla siendo la misma
persona.
Edith señaló: No leí la obra, así
que mi interés principal era escuchar al grupo y recibir sus comentarios. Conforme
se fue dando la tertulia, pensé que no llegaría a leer la novela. Sin embargo,
tras oír a Abby y el cierre de Paty, volví a considerar acercarme a la obra.
Siento que la obra no es altamente recomendable, aunque tiene algunos aspectos
valiosos; creo que es fundamental estar en el estado de ánimo adecuado para
leerla y tener la sensibilidad para reconectarse con un hijo que busca
reconciliarse consigo mismo o con algo por lo que siente culpa. Todo esto me
brindó una nueva perspectiva para aproximarme al libro, sin expectativas
previas pero con mayor profundidad emocional. Finalmente, agradezco haberles
escuchado y disfruté la lectura desde las diferentes miradas compartidas.
Abby cerró con un poema de José Antonio Llamas que, en sus palabras, invita a reflexionar sobre lo efímero de la vida humana, donde hacemos e influimos poco en este mundo, pero sí dejamos huella en los hijos.
“Pintado
en el resol sobre la loma,
recóndito
y escueto el cementerio,
donde queda en perpetuo cautiverio,
un sueño
abandonado a la carcoma…”.
José Antonio Llamas.
Gracias a los Tertuliaturos por su presencia y gracias a Eduardo por las fotos.
¡Hasta la próxima!





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