La tumba de las luciérnagas

Basada en la novela homónima de Akiyuki Nosaka
Año: 1988
Duración: 93 min.
Dir. Isao Takahata


Argumento: 

La historia comienza en el verano de 1945, en Japón. Después del bombardeo de Kobe, Seita, de catorce años, y Setsuko, su hermana menor de cuatro años, quedan huérfanos y se trasladan a vivir con su tía a varias decenas de kilómetros de su casa.

La tía trata mal a los pequeños que se dan cuenta de que son un estorbo para la familia y deciden irse de allí. Se refugian en un búnker abandonado en el campo para vivir felices iluminados por la presencia de miles de luciérnagas, pero pronto la comida escasea y comienza la verdadera odisea. 

Reseña: 

Inicié la tertulia dando algunas referencias del escritor Akiyuki Nosaka autor del libro La tumba de las luciérnagas. (Kamakura, 1930 - Tokio, 2015) Danmificado de Kobe, su vida fue la de un huérfano vagabundo y adquirió en palabras suyas, sobrada experiencia en la escuela de las ruinas calcinadas y del mercado negro. Luchador de boxeo rápido, cantante pop y figura pública, se hizo famoso con una novela delirante, Los pornógrafos (1966), pero las dos novelas: La tumba de las luciérnagas y Las algas americanas (1999) lo han convertido en una de las figuras más relevantes de la literatura japonesa de posguerra. 
La tumba de las luciérnagas fue eminentemente autobiográfica y Nosaka continuó reflexionando sobre sus experiencias durante la guerra en una serie de escritos que evocaban haber presenciado cadáveres quemados y haber visto a muchos incluyendo a su hermana pequeña, morir de hambre. Nosaka nació en Kamakura cerca de Tokio en 1930, pero su madre falleció poco después de dar a luz y fue adoptado por una tía en Kobe. Su padre no mantuvo contacto con ellos y se volvió a casar. Cuando la guerra llega a Japón, Nosaka demasiado mayor para ser evacuado y demasiado joven para ser reclutado, se unió a la cohorte de la defensa antiaérea. Cuando Kobe fue atacada con bombas incendiarias en 1945, su padre adoptivo murió y su tía a quien ve como su madre resultó gravemente herida. Nosaka hoyó con su hermana "bebe", pero a diferencia del anime, él y los adultos que lo rodeaban no la cuidaron adecuadamente y ella murió en agosto de 1945. Posteriormente se mudó a Tokio, donde lo atraparon robando y lo dejaron, a la intemperie, en un centro de detención juvenil, donde presenció cómo muchos de sus compañeros morían de hambre. Finalmente contactaron con su padre biológico, ya concejal local, quien lo recuperó. 

Por su parte, Isao Takahata (Ujiyamada, Japón, 1932 - Tokio, Japón, 2018) fue uno de los artífices detrás de los grandes éxitos del Studio Ghibli, director, productor y guionista. Desde La tumba de las Luciérnagas hasta El cuento de la princesa Kaguya, creó una narrativa importante en la animación japonesa. 

Alahan: Me sorprendió que propusieran una película de anime, un género que admiro mucho. Aunque suele asociarse este tipo de películas animadas con el público infantil, realmente abordan temas bastante complejos. Vi esta película por primera vez en el cine, y la experiencia fue sumamente emotiva. Más tarde, volví a verla aproximadamente hace tres años, cuando apareció en el catálogo de Netflix.

Desde mi perspectiva, este film tiene un impacto emocional muy profundo y está marcado especialmente por la tristeza. Identifiqué varios temas interesantes para analizar, pero me llamó mucho la atención la indiferencia social que se retrata: aunque la historia transcurre en tiempos de guerra, es evidente que la sociedad no ayuda a los niños protagonistas; incluso la tía muestra desinterés por ellos llegando a robarles el arroz que compró con los vestidos de la mamá. Todo esto lleva a un desenlace trágico, mostrando claramente la situación de muchos niños afectados cuya vulnerabilidad queda expuesta en diferentes circunstancias. Sin embargo, destaco de forma positiva la relación fraternal representada en la película, pues considero que es uno de sus elementos más significativos y conmovedores. Al final, puedo afirmar que este film está entre las mejores producciones de animación que ha realizado Studio Ghibli.

Comenté que concuerdo con Alahan, la película es hermosa. Los paisajes tan coloridos, el lago cercano a donde vivían y las escenas finales de la niña aguardando a su hermano e inventando juegos propios, me resultaron especialmente conmovedores. Reflexioné cómo, ante las dificultades de la vida, los niños buscan espacios para disfrutar de cosas simples: como preparar su comida con lo poco que tienen, visitar el mar o contemplar un cielo cubierto de luciérnagas. Veo que los protagonistas construyen un mundo propio intentando alcanzar la felicidad, incluso sin recursos básicos, y encuentran satisfacción en pequeños placeres, como compartir y saborear un dulce. El hecho de que la historia esté inspirada en hechos reales nos brinda una oportunidad para reflexionar sobre paralelismos actuales con conflictos bélicos como los de Ucrania o Gaza, donde niños permanecen desamparados por la falta de atención adulta, enfrentando heridas físicas y emocionales. Finalmente, me surge la pregunta de qué acciones puedo emprender desde mi entorno para asistir a estos menores, reconociendo que las donaciones no siempre son suficientes.

Sandy: La película me invitó a reflexionar profundamente por lo conmovedora que es. Me siento muy agradecida de haber nacido en una época y un país donde no he vivido la guerra; esto me hace preguntarme cómo reaccionaría si alguna vez tuviera que enfrentar algo así. Hay una escena que se me quedó grabada: los niños veían como banquete cualquier comida conseguida por el hermano mayor, mientras otros pequeños criticaban la calidad de los alimentos que comían. También pude notar el gran peso que implica cuidar a un menor y la angustia generada por la falta de apoyo familiar, como cuando la tía rechaza ayudar y surge la necesidad de abandonar el hogar y no tenían a dónde ir.

Myrna: Hablando en términos cinematográficos, esta es una película animada, no un animé. El animé proviene de ilustraciones en cuadernos que luego se adaptan a películas. Tuve la oportunidad de estudiar cine asiático y leer algunas partes de la novela en la que se basa esta película; la novela me pareció hermosa y me encantó. Además, vi una película sobre las bombas de Hiroshima y Nagasaki que me conmovió mucho más que esta, especialmente por lo bien definidos que estaban los personajes y la paleta de colores —rojos, cafés, blancos, azules— que reflejaba escenas impactantes, como la amputación de un personaje o la pérdida de sus ojos.

En contraste, esta película no logró conmoverme. Me pareció floja, con una narrativa vacía y repetitiva, y escenas prescindibles que no aportan al avance de la historia. Los personajes carecen de profundidad: la tía, por ejemplo, cambia de buena a mala sin motivos claros; la niña es el único personaje cuyo desarrollo emocional resulta evidente; el hermano parece difuso, sin evolución perceptible, ya que no transmite tristeza, frustración ni amor por su hermana.

También considero que la paleta de colores debería ser distinta para ayudar a comprender mejor el mensaje como espectadora. Tal vez mi opinión está influida por las comparaciones anteriores, pero esta película sencillamente no consiguió conmoverme ni gustarme.

Lucy: Vi la película hace aproximadamente dos décadas y experimenté una profunda emoción durante todo el metraje. Sin embargo, comparto la percepción de Myrna respecto a las imágenes, ya que considero que distan de reflejar fielmente la realidad de la guerra. Interpreto que la intención del director fue transmitirnos que los conflictos bélicos no solo conllevan la pérdida de vidas humanas, sino también la extinción de ilusiones, esperanzas, proyectos vitales, estructuras familiares y tradiciones.

Me parece que el filme presenta diversas escenas que invitan a la reflexión, como la evolución del personaje de la tía, cuyo cambio de actitud atribuyo al momento en que asume la responsabilidad sobre los protagonistas. Identifico como especialmente conmovedora la secuencia en la que uno de los hermanos lleva a su hermana enferma al médico, quien diagnostica desnutrición y sugiere alimentarla adecuadamente; ante la imposibilidad de acceder a recursos, este episodio se convierte para mí en símbolo de la impotencia frente a problemas estructurales, más allá de las soluciones propuestas por la sociedad.

En mi análisis, considero la obra cinematográfica como un retrato de la desigualdad, la crueldad humana y la indiferencia social ante el sufrimiento ajeno. Distingo tres perfiles: personas crueles, héroes como Seita—quien procura crear un entorno protegido para su hermana—y quienes permanecen inactivos frente a la injusticia. Recuerdo otra escena significativa en la que la niña revela ser consciente del fallecimiento de su madre, provocando una reacción emocional en su hermano que me estremeció.

Resumo que, si bien la película suscita una respuesta emocional, debería también impulsarnos a tomar acciones concretas. Reconozco que, en ocasiones, las circunstancias superan nuestras mejores intenciones. Finalmente, destaco que la historia fue escrita por Akiyuki como una forma de rendir homenaje a su hermana y cerrar un ciclo personal.

Myrna compartió: Lo que leí de la novela me permitió entender el sentido del título La tumba de las luciérnagas, pero en la película siento que ese significado se diluye completamente. En la obra, la narración recurre a metáforas y alegorías que relacionan a las luciérnagas con la luz, y a la tumba con la muerte causada por la guerra, reflejando el equilibrio entre lo positivo y lo negativo en la vida humana, el yin y el yang en las personas. 

Para Lucy el título simboliza la ilusión y la muerte. 

Para mí, la luciérnaga simboliza la brevedad de la existencia; durante la infancia se percibe que la vida es un fenómeno relativo. Creo que las luciérnagas representan a todos los niños afectados por los conflictos bélicos, así como a la juventud reflejada en la narrativa y su vulnerabilidad. Sus vidas pueden extinguirse con facilidad, sin haber tenido la oportunidad de desarrollarse plenamente. Considero que la película inicia con una escena particularmente impactante: niños abandonados en una estación, enfrentando la muerte, mientras el protagonista, Seita, introduce la narración estableciendo la fecha de su propio fallecimiento. A continuación, se suceden imágenes de bombardeos en la ciudad, cuerpos carbonizados y el trágico destino de la madre de los protagonistas, quien muere envuelta en vendas debido a graves quemaduras. Estas imágenes, aunque representadas en animación, confrontan al espectador con la brutalidad y el sufrimiento de la guerra. Estas escenas, que pueden no conmocionar al espectador, evidencian una desensibilización y cómo los adultos tienden a normalizar la exposición a la violencia y al dolor ajeno. Sin embargo, en este contexto hostil, las imágenes de paisajes hermosos, como el lago y la naturaleza, adquieren un significado especial. Estos momentos representan el mundo alterno que los protagonistas buscan crear para sí mismos, un refugio de felicidad y sencillez en medio del caos. Estas escenas las relacioné con la película La vida es bella, donde un padre crea una ilusión de juego para su hijo en un campo de concentración, protegiéndolo así de la cruel realidad. En definitiva, en lo personal, la película sostiene la idea de que los hermanos lograron construir una realidad paralela, basada en la apreciación de pequeños momentos y en la búsqueda de la felicidad a pesar de las adversidades que los rodean. 

Edith expresó: La película generó en mí una profunda emoción al abordar el tema de la muerte, incluso tratándose de una animación. Considero que existen elementos del argumento que no quedan del todo claros. Creo que La tumba de las luciérnagas representa la tumba de los niños, quienes en ese espacio —la cueva donde se refugian— quedan apartados y aislados del resto del mundo. Estimo que la obra constituye un reflejo de la crueldad humana y de las consecuencias de la guerra, donde todos luchan por su propia supervivencia. Tal como expresa el dicho, “duele más el cuero que la camisa”, la tía priorizaba a su familia directa sobre sus sobrinos. Aunque idealmente la infancia debería ser prioritaria, en esas circunstancias parece no serlo. Desde mi perspectiva, la película no tiene tanta profundidad, ya que un niño de catorce años ¿qué podría entender de la situación?, por lo que predomina una visión infantil centrada en la subsistencia inmediata, sin reflexiones filosóficas profundas. La niña, por su parte, no manifiesta quejas y sobrevive en función de lo que hace su hermano mayor. El filme me dejó profundamente conmovida. Cabe resaltar que, generalmente, en países que han atravesado tragedias de este tipo, tras periodos de paz, la sociedad busca retornar cuanto antes a la normalidad. Sin embargo, la falta de solidaridad de los adultos ante la situación de estos niños resulta especialmente preocupante; no advertí ninguna acción en su favor. Considero que, pese a lo adverso de la situación, la niña podría haber sido rescatada. En consecuencia, la película me impactó notablemente. Además, no considero que brinde una visión idealizada del entorno, ya que retrata claramente la muerte y el sufrimiento humano. 

Eduardo comentó que no se trató de un homenaje a la hermana menor, sino de una expresión de arrepentimiento. Considera que la novela fue concebida como una forma de plasmar cómo le hubiera gustado tratar a su hermana. Por ello, la película está narrada desde la perspectiva de un niño, lo cual limita la representación directa de los aspectos más crudos de la guerra, como los bombardeos en los que fallece la madre. Estos ataques empleaban armas incendiarias, considerando que muchas ciudades japonesas estaban construidas principalmente de papel y madera, por lo que eran altamente vulnerables al fuego. 

La evolución del personaje de la tía no es explícita en el film; sin embargo, debe comprenderse en el contexto histórico en que Japón, tras posicionarse como potencia militar en Oriente, participó en la Segunda Guerra Mundial por razones de orgullo o error estratégico. El almirante Yamamoto, quien organizó el ataque a Pearl Harbor, advirtió sobre las consecuencias al afirmar: "Hemos despertado al dragón", consciente de la magnitud de la respuesta que esto acarrearía. El primer bombardeo importante ocurrió en marzo de 1945, marcando el inicio de las dificultades extremas para la población civil. Entre 1942 y 1945, existía la creencia de que Japón podría ganar la guerra, lo que explica la expectativa de la tía respecto al posible regreso del hermano. A partir de determinado momento, predomina la visión infantil, que no comprende plenamente la escasez. La tía decide vender los quimonos de la madre debido a la falta de recursos para subsistir. 

Desde nuestra perspectiva contemporánea, surge la pregunta de si alguien debió prestar ayuda, pero la realidad de la guerra altera los marcos morales habituales y obliga a reconsiderar tales juicios. El título, en opinión de Eduardo, remite al hecho de que los niños permanecían en su propio entorno feliz, donde las luciérnagas representaban la posibilidad de no quedarse en la oscuridad. Al enterrar a las luciérnagas, la niña se pregunta por qué mueren tan pronto, lo cual podría simbolizar la interrogante ¿Y yo también voy a morir? El hermano, aunque no expresa mucho verbalmente, actúa según sus posibilidades, incluso recurriendo al robo ante la falta de alternativas. Finalmente, tanto la niña como él fallece de hambre, aunado a la desesperación y tristeza de Seita por la imposibilidad de ayudar a su hermana. Se trata de una película que invita a la reflexión ética sobre nuestras posibles acciones en circunstancias similares.




¡Gracias cinéphilos por la oportunidad de dialogar sobre una película tan conmovedora!

¡Hasta la próxima!



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