El buen mal (libro de mayo)

Editorial: Seix Barral
192 páginas
Año: 2005


Sinopsis: 

Magnéticos e irresistibles. En cada uno de los cuentos de El buen mal, Samanta Schweblin nos abduce a otra dimensión donde quedamos en contacto íntimo con sus personajes. Encandilados por el fulgor de la inminente tragedia, vulnerables y profundamente humanos, advierten cuánto podría transformarlos la irrupción de lo inesperado. A algunos los dejará de pie frente al dolor, a otros dialogando con la culpa y a todos atravesados por la incertidumbre. ¿Importa saber qué es verdad? Se trata, de principio a fin, de ser partícipes de un fenomenal artificio literario.

Inicio: 

"Salto al agua desde la punta del muelle y me hundo apretándome la nariz. Tras el impacto inicial abro los ojos, me entrego atenta a la caída que va suavizándose, a los tonos nuevos a mi alrededor, más densos y tornasolados. Desciendo, aguanto sin respirar". 

Reseña: 

¡Gracias por estar nuevamente reunidos en esta tertulia presencial!
Extrañamos a los ausentes que no nos pudieron acompañar pero los tenemos en nuestros corazones.
Iniciamos con un brindis de cumpleaños en honor a la mamá de Myrna. Así como, deseando un ¡feliz cumpleaños a Jose, que nos hizo el día con su presencia! 

Fany compartió que el libro le pareció una colección de cuentos profundamente psicológicos, capaces de ponerle "la piel chinita" por la manera en que analizan el comportamiento humano. Consideró que cada historia refleja situaciones cotidianas que muchas veces vivimos sin detenernos a reflexionar sobre ellas.

Comentó que el relato que más la impactó fue El ojo en la garganta. Como madre, se identificó con el temor de que un hijo sufra un accidente, pero lo que más la conmovió fue el momento en que el niño expresa su deseo de hablar con su padre. Sintió que esa escena transmite la nostalgia de una relación construida más desde las actitudes que desde las palabras. Además, interpretó que el padre vive consumido por la culpa del accidente, lo que termina por fracturar a toda la familia.

También destacó la capacidad de la autora para transmitir las emociones de los personajes y señaló que el trasfondo de varias historias es la ruptura de los vínculos familiares, mientras que los personajes secundarios tienen un gran peso en la narración. Sobre el episodio donde suena el teléfono y nadie contesta, dijo que le quedó la duda de si quien llamaba por las noches era el encargado de la gasolinera. El final queda abierto a la interpretación del lector.

Finalmente, comentó que el relato de El superior hace una visita le pareció escalofriante. Le impresionó la manipulación del protagonista, la actitud complaciente de su madre y la posibilidad de que otras personas estuvieran coludidas en el robo. Lo que más la impactó fue el momento en que el general le pregunta qué necesita que haga por él. Concluyó destacando la capacidad de la autora para narrar y describir las situaciones con una gran fuerza emocional.

José señaló que la obra le pareció de lectura muy ágil y envolvente, pues cada cuento logra sumergir al lector en la historia. Coincidió con Fany en que El ojo en la garganta y El superior hace una visita son los relatos más intensos, en parte porque, al ser más extensos, la autora tiene oportunidad de desarrollar mejor a los personajes y sus conflictos.

Comentó que la ambientación lo transportó a los escenarios de Argentina, despertándole incluso el deseo de conocer esos lugares. Sobre *El ojo en la garganta*, señaló que la historia no solo aborda el accidente del niño al tragarse una pila, sino también el misterio de su desaparición, dejando al lector con la incertidumbre sobre lo ocurrido. Destacó que todos los cuentos concluyen con finales abiertos, lo que permite que cada lector continúe la historia en su imaginación, un recurso narrativo que le pareció muy interesante e inmersivo.

Finalmente, comentó que le atraen las historias sobre asesinos seriales porque le interesa comprender la mente humana. Reflexionó sobre cómo rasgos como la obsesión, la repetición o los trastornos obsesivo-compulsivos pueden formar parte de una vida aparentemente exitosa y, al mismo tiempo, derivar en conductas extremas.

Víctor indicó que comenzó a leer la obra para poder asistir a la sesión y participar en la conversación. Comentó que Alahan le dijo que era una lectura corta y pensó que podría terminarla en una semana. Aunque disfrutó mucho los cuentos, confesó que no le convencieron los finales, pues no le gusta que queden abiertos a la interpretación del lector.

Explicó que, por ejemplo, en el relato de El superior hace una visita, le hubiera gustado saber qué ocurrió con el protagonista después de salir del departamento de la mujer. También destacó La mujer de la Atlántida, un relato que lo conmovió especialmente por tener hijos, ya que la muerte de una de las niñas le pareció devastadora. Asimismo, mencionó El ojo en la garganta, donde le intrigó que, al regresar el padre a la gasolinera, el encargado le dijera que fue su hijo quien pidió que le llamaran. Para él, ese desenlace deja demasiadas preguntas sin responder. "No quiero que me lo deje a la interpretación; si no, mejor escribo mi propio libro", comentó entre risas.

También recordó William en la ventana, el relato que la autora considera el más autobiográfico, y señaló que todos los cuentos logran atrapar al lector desde las primeras páginas, aunque, en su opinión, los finales no están a la altura del desarrollo de las historias. Finalmente, comentó que El superior hace una visita; le recordó la película La casa, disponible en Netflix, y la recomendó al grupo.

Arturo compartió que, conforme avanzaba en la lectura, su asombro iba en aumento. Comentó que los relatos dejan al lector al borde del precipicio, sin decirle si el personaje se salva o termina cayendo. Consideró que parte de lo fantástico de la obra radica en que todo surge de situaciones completamente cotidianas: un niño que se traga una pila, un gato fantasma, un caballo que cae de un balcón o el simple hecho de ayudar a una anciana.

Señaló que esos elementos fantásticos funcionan como una proyección del mundo interior de los personajes. Puso como ejemplo el gato fantasma, pues dijo que, en ocasiones, él mismo siente que ve fantasmas, y cree que esas apariciones tienen más que ver con lo que uno lleva dentro. En el caso de El ojo en la garganta, interpretó que la llamada telefónica representa la culpa, una emoción que, junto con la vergüenza, el odio, el miedo y el arrepentimiento, atraviesa todos los cuentos. Para él, la empatía que despiertan los personajes permite que el lector experimente esas emociones como propias.

A diferencia de otros participantes, comentó que sí le gustó el final de El ojo en la garganta, ya que el niño logra convertirse en un matemático reconocido, demostrando que, pese al trauma, es posible reconstruir una vida. También reflexionó que no hay una sola historia en el libro que no esté atravesada por el dolor, ya sea real o ficticio, y que la autora logra mostrar el horror que puede esconderse en la vida cotidiana, un horror con el que muchas veces aprendemos a convivir sin darnos cuenta.

Finalmente, recomendó una serie de cuentos de la escritora María Fernanda Ampuero, pues encontró en ella una intensidad similar a la que experimentó al leer a Samanta Schweblin. Concluyó diciendo que la obra admite múltiples lecturas y que disfrutó mucho la experiencia de leerla.

Myrna dijo que disfrutó mucho el género literario de la autora y, en particular, su forma de narrar. Destacó el uso de una primera persona que describió como un "yo disociado", una voz que parece observarse a sí misma desde afuera y que, como lectora, le permitió identificarse con los personajes.

Comentó que, aunque los relatos aparentan ser historias independientes, todos comparten un mismo hilo conductor: la irrupción de un elemento inesperado —como la pila, el caballo o cualquier otro acontecimiento extraordinario— que rompe la normalidad y confronta a los personajes con su propia condición humana. Para ella, la tesis de la obra radica precisamente en el contraste entre lo cotidiano y lo anómalo.

Finalmente, señaló que el terror funciona como el marco que engloba todos los cuentos y que aquello que los personajes llevan en su interior termina manifestándose en el exterior. Concluyó que cada relato le pareció excepcional tanto por su temática como por su construcción narrativa.

Eduardo comentó que había leído el libro hace más de un mes, por lo que ya no recordaba muchos detalles, pues acostumbra a leer sin hacer resúmenes ni subrayados. Sin embargo, comentó que el relato del padre que, por un descuido, termina perdiendo a su hijo fue el que más lo marcó, ya que como padre logró identificarse profundamente con ese personaje.

Señaló que disfrutó la lectura porque las historias presentan situaciones que conmueven y hacen vibrar al lector. A diferencia de otros participantes, dijo que le gustan los finales abiertos, pues le permiten imaginar lo que sucede después de la historia. Incluso recordó que la serie Dimensión desconocida utilizaba ese mismo recurso, por lo que le resulta especialmente atractivo.

Alahan compartió que no alcanzó a terminar el libro por cuestiones de trabajo, pues solo le faltó leer el último relato. Aun así, comentó que disfrutó mucho la lectura porque todos los cuentos mantienen una tensión constante. Aunque no suele estar de acuerdo con los finales abiertos, consideró que existen distintos grados de apertura. Para él, La mujer de la Atlántida sí tiene un cierre, ya que lo importante era conocer el desenlace de la convivencia entre la poeta y las dos niñas. Imaginó que la Pitis seguía buscando a la niña en el mar porque cada vez que llegaba a la estética llevaba caracolas en el cabello. También se preguntó cuál era el papel del misterioso hombre que le llevaba alcohol. Arturo sugirió que se trataba del esposo y Víctor añadió que probablemente lo hacía porque ella podía volverse peligrosa estando sobria. Alahan comentó que este fue su cuento favorito.

Sobre Bienvenido a la comunidad, dijo que fue el relato que menos entendió. Le desconcertó que la protagonista contemplara matar al conejo de su hija y que el final quedara tan abierto, pues no comprendió la escena en la que parece tocar el mar. Señaló que este tipo de desenlaces le generan frustración porque prefiere que el autor cierre el destino de los personajes.

A partir de este cuento, surgió un intercambio de interpretaciones. Comenté que, en mi opinión, la protagonista sí termina suicidándose, ya que percibí en ella el vacío existencial de alguien que ha llegado al límite de su vida, pese a no carecer de nada en el plano material. Arturo consideró que no se suicida, sino que atraviesa una profunda desesperación. Myrna coincidió con esa lectura y añadió que el cuento refleja cómo alguien puede aparentar tener la vida resuelta mientras vive una depresión constante. Fany compartió esa misma interpretación.

Alahan comentó que, en Un animal fabuloso, la amiga del niño alimenta su fantasía de convertirse en caballo, lo que desencadena la tragedia, aunque confesó que no encontró un significado más profundo en ese relato.

La conversación continuó con distintas interpretaciones. Comenté que la amiga carga con un profundo sentimiento de culpa y que por ello nunca revela toda la verdad de lo ocurrido. Víctor dijo que no comprendió el sentido de la aparición del caballo al final; Myrna la relacionó con una posible reencarnación, mientras que Fany la interpretó como una manifestación del vínculo afectivo que permanece entre quienes sobreviven y quienes han partido. Coincidimos en que esa capacidad de convertir situaciones ordinarias en experiencias extraordinarias es una de las mayores virtudes del libro.

Alahan señaló que William en la ventana le pareció una historia basada en la sugestión y, junto con Un animal fabuloso, fue de los relatos que menos disfrutó.

En cambio, destacó El ojo en la garganta por la forma en que la autora va cerrando poco a poco la historia. Al principio pensó que el niño padecía asma, pero el giro relacionado con la pila le recordó un caso real de un menor que sufrió parálisis cerebral. Le alegró que el protagonista encontrara en las matemáticas una forma de comunicación y quedó intrigado por el misterio de las llamadas telefónicas. También observó que el padre comete muchas omisiones y es el único que nunca aprende el lenguaje de señas, pues permanece encerrado en su propio dolor.

Sobre el desenlace de este cuento, comenté que la autora combina lo sobrenatural con la fantasía para que cada lector construya su propia explicación sobre las llamadas. Fany sugirió que el niño narra aquello que percibe de su padre, mientras que Arturo señaló que el narrador llena deliberadamente los vacíos de la historia, pues el niño no podría conocer todo lo que sucede a su alrededor.

Finalmente, Alahan reiteró que La mujer de la Atlántida fue el relato que más lo conmovió. Le parecieron entrañables las dos niñas y no esperaba ese desenlace, por lo que fue el cuento que más tristeza le dejó.

Comenté que también es mi relato favorito. Me gustó especialmente la voz narrativa infantil y saber que la autora se inspiró en experiencias de su propia infancia con su prima y su hermana, cuando espiaban las casas de la playa durante las noches. Además, me identifiqué con el personaje de la poeta. Myrna añadió que le parecía un cuento muy cinematográfico. Concluí recomendando otras obras de Samanta Schweblin, como Distancia de rescate y el cuento Pájaros en la boca

La sesión concluyó y le deseamos una pronta recuperación a Rocío, así como, le agradecemos que, a pesar de la distancia y de las eventualidades, siempre nos acompaña con sus valiosas palabras para Tertuliatura en su aniversario décimo cuarto. 








¡Hasta la próxima!

¡Feliz cumpleaños Tertuliatura!🎇


Comentarios

Entradas populares